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lunes, 27 de agosto de 2012

Tiempo Sagrado

Marc Torra
«El tiempo es como una espiral que va creando círculos, los cuales no nos rigen pero sí nos influencian. Entre tales ciclos encontramos un equivalente al año, a las estaciones que este define, al mes, al día e incluso a la hora. Veamos, pues, cuáles son tales ciclos.»
Tiempo en espiral
HAN EXISTIDO Y aún existen culturas que reconocen la ciclicidad del tiempo, según la cual el pasado se repite aproximadamente; pero sin ser exactamente igual. Entre tales culturas se cuentan: la andina, la hindú y la anáwak (olmeca, maya, tolteca, azteca, zapoteca,…). Esa circularidad del tiempo la vemos expresada en su lenguaje, que es el que suele aportarnos la mejor radiografía de una cultura; pues, a diferencia de la historia, que sí puede ser manipulada, el lenguaje no engaña. Por poner algunos ejemplos:
  • En quechua, idioma de los Andes, se utiliza la misma palabra para referirse al “año pasado” o al “año más distante en el futuro” pues esencialmente estamos hablando de lo mismo. El término es «kunan wata».
  • En hindi se utiliza el mismo vocablo para decir ayer o mañana. Para ambos conceptos se utiliza el término «kal», palabra que procede del sánscrito «kala» y que significa simplemente tiempo, independientemente de si lo proyectamos hacia adelante o hacia atrás.
  • Un refrán nahuatl dice: «Así como fueron las cosas, así volverán a ser, en algún sitio, en algún momento. Quienes ahora viven, otra vez vivirán». (Códice Florentino VI).
El tiempo se transforma así en la otra cara del espacio, en su expresión dual, conservando sus mismas propiedades. Esto nos permite recorrerlo en círculos «kunan wata», hacia adelante y hacia atrás «kal», para volverlo a vivir, es decir, visitar de nuevo un mismo instante.
Sin embargo, también hubo y aún hay culturas que nunca llegaron a separar tiempo y espacio, ni tan siquiera conceptualmente. Me estoy refiriendo a los aborígenes australianos. En ninguna de las aproximadamente 500 lenguas que se hablaban en Australia cuando llegaron los europeos existían los conceptos de pasado o futuro. De hecho, en ellas ni siquiera existía el concepto de tiempo. Ellos conservaban la sabiduría de los niños, quienes viven constantemente en el aquí y el ahora y no en el mañana ni en el ayer. Y cuando no están hablando de ese aquí definido por la realidad que nos rodea, es que se hallan en el «Dreamtime» o el tiempo de sueño: un lugar en el que pasado, presente y futuro coexisten y se funden, o mejor dicho, en el que nunca fueron conceptualmente separados. Para ellos, los sueños acontecen en la realidad de los ancestros (Dreamtime), mientras que nuestra realidad viene configurada por el sueño de los ancestros. El aquí está siendo soñado desde el allí. Entonces, cuando ellos se desplazan por aquello que nosotros llamamos pasado o futuro, consideran simplemente que están cambiando de sueño, como quien cambia el canal del televisor para ver una película histórica o una de ciencia ficción.
De todas las culturas mencionadas podemos aprender algo. De aquellas que florecieron en los Andes, el Himalaya y Mesoamérica podemos aprender que el tiempo se rige por ciclos. Estos ciclos definen acontecimientos casi seguros y sus probables efectos. Son como el día y la noche, que se alternan con gran certeza para ir definiendo nuestro comportamiento más probable: que nos vayamos a dormir al caer la noche para despertarnos al amanecer. Sin embargo, nuestro libre albedrío nos permite mantenernos despiertos toda la noche. De ahí que los ciclos influencien pero no rijan.
De las culturas que florecieron en Australia ? la tierra más antigua del planeta ?, podemos aprender que cada fase del ciclo no delimita un periodo temporal, sino un sueño. Para ellos, el tiempo avanza al compás de nuestro caminar por el paisaje del sueño colectivo de la tribu, de una nación o de toda la humanidad. El tiempo avanza; pero también se repite en la medida en que regresemos a parajes ya conocidos.
Muchas de las culturas que percibieron la espiral formada por el tiempo y el espacio también reconocieron ese sueño colectivo o de consenso. En el Himalaya se lo llamó maya, y entre los mayas mitote. De todas ellas vamos, pues, a aprender algo. Vamos a aprender:
  • cuáles son los ciclos que rigen la conciencia colectiva de la humanidad;
  • cómo dichos ciclos se dividen en fases o estaciones, para determinar aquello que la conciencia colectiva busca o necesita aprender en cada instante;
  • cómo, a su vez, esas estaciones se fragmentan en meses, los cuales afectan a los símbolos arquetipales utilizados para canalizar e integrar emocionalmente tales experiencias;
  • cómo los meses se fragmentan también en días, definiendo el día y la noche de las culturas; y finalmente
  • cómo esos días se componen de horas, para delimitar el instante preciso del alba y el ocaso de cada nuevo día.
Veamos, pues, cuáles son esos ciclos que rigen el tiempo sagrado. El año sagrado
CUANDO NOS TRASLADAMOS del tiempo mundano al tiempo sagrado, los años solares se convierten en años platónicos de aproximadamente 26.000 años. Constituyen el llamado ciclo de precesión de los equinoccios. A causa del movimiento de precesión, las constelaciones que aparecen a una hora determinada en un día concreto del año se van desplazando, completando un giro cada 26 milenios. Se cree que tal movimiento se debe al vaivén del eje terrestre, el cual no solo gira sobre si mismo cada 24 horas, sino que también se desplaza como una peonza.
 
Y sin embargo, tengo la impresión de que tal desplazamiento de las constelaciones no se debe tanto al vaivén del eje terrestre sino:
  • al giro del Sistema Solar sobre su eje, o
  • a la órbita descrita por nuestro Sol en relación a otra estrella, constituyendo lo que se llama un sistema binario.
La primera explicación asemejaría la precesión de los equinoccios a la rotación diaria de la Tierra sobre su eje, pero aplicándola al sistema solar en su conjunto. La segunda la asemejaría a la órbita de la Tierra alrededor del Sol, la cual define el ciclo anual, pero de nuevo aplicado a todo el Sistema Solar. Independientemente de cual sea su causa, lo que está claro es que existe un tercer ciclo, a parte del diario de 24 horas y del anual de 365 días. Constituye un ciclo que, como los dos anteriores, tiene un profundo efecto sobre nuestro medioambiente y sobre nuestro comportamiento como seres humanos. A tal ciclo lo llamo el «año sagrado». Otros lo llaman año platónico o gran año.
Las estaciones sagradas
EL AÑO SAGRADO define cuatro puntos, equivalentes a los dos equinoccios y dos solsticios del año solar. Estos puntos marcan el tránsito por las estaciones de la consciencia del ser humano y se hallan separados aproximadamente por 6.500 años. Esa cantidad de años define los límites de nuestra memoria histórica.
El primer equinoccio marca el fin del invierno e inicio de la primavera de la consciencia. El segundo marca el fin del verano e inicio del otoño. Según el sistema occidental, el tránsito del invierno a la primavera de nuestra consciencia se da cuando el 21 de marzo (equinoccio vernal del año solar) la constelación de Acuario amanece por el horizonte, y el tránsito del verano al otoño de la consciencia acontece cuando en esa misma fecha el sol amanece frente a la constelación de Leo.
Los solsticios, por el contrario, marcan el inicio del invierno de la consciencia, momento en el que el ser humano se sumerge en su máximo grado de materialismo; y el inicio del verano de esa misma consciencia colectiva, durante el cual reina la espiritualidad. Así, entramos en el invierno cuando el 21 de marzo el sol amanece frente a la constelación de Tauro, y en el verano cuando lo hace frente a la constelación de Escorpio.
 
 Habrán aquellos que se pregunten porqué justamente son estas cuatro constelaciones las que definen el tránsito entre una estación del año sagrado y la siguiente. Una primera forma de responder a tal pregunta sería argumentando que tales constelaciones constituyen los llamados signos fijos del zodiaco. Son fijos dado que marcan los solsticios y los equinoccios del año sagrado. Por ello no debe sorprendernos que las mencionadas cuatro constelaciones aparezcan tres veces en la Biblia (Ezequiel 1:10, Ezequiel 10:14 y Apocalipsis 4:7). Ello también explica porque la cruz cósmica del 11 de agosto de 1999 marcó un momento clave en la evolución de la consciencia. Muchos fuimos los que despertamos por esas fechas.
 
También debe tenerse en cuenta que la precesión, tal como su nombre indica, constituye un movimiento retrógrado, un movimiento hacia atrás. Es por ello que las cúspides precesionales no están localizadas a principios del signo (0º) sino al final del mismo (30º). Están localizadas entre Leo y Virgo, Tauro y Géminis, Acuario y Piscis, y finalmente entre Escorpio y Sagitario.

 Sin embargo, ello aun no responde a la pregunta formulada de porqué esos cuatro puntos y no otros. Para responderla debemos considerar cuándo empieza el verano en el año solar. El verano se inicia en un hemisferio dado cuando esa mitad del planeta está lo más ladeada posible hacia el Sol. Así, el tránsito del Sol por 0º Cáncer, significa que éste se halla justo perpendicular al trópico de Cáncer, marcando el inicio del verano en el hemisferio norte. Y cuando transita por 0º Capricornio, es que está en su paso cenital por el trópico de Capricornio, marcando el inicio del verano en el hemisferio sur. Mientras que los dos equinoccios tienen lugar cuando el Sol transita justo por encima del ecuador.
De manera similar, el verano del año sagrado empieza cuando el 21 de marzo (0º Aries tropical) el Sol de nuestra Galaxia justo se alza por el horizonte. Tal punto, también llamado Centro Galáctico, se halla localizado justamente entre las constelaciones de Escorpio y Sagitario. Por el contrario, 30º Tauro (ubicado entre Tauro y Géminis) define el eje opuesto, el cual apunta hacia las regiones exteriores de nuestra galaxia. Tal distribución irá variando con el tiempo, a causa de la órbita de nuestro sistema solar alrededor del centro galáctico. Constituye una órbita que se completa en aproximadamente 240 millones de años y la cual define aquel que podríamos llamar el Gran Año Sagrado. Sin embargo, podemos estar seguros que las constelaciones, tal como las observamos hoy en día, permanecerán prácticamente invariables durante los próximos cien años sagrados (2.6 millones de años solares).
 
El año sagrado de cinco estaciones
SIN EMBARGO, NO todas las culturas dividieron el ciclo de precesión en cuatro estaciones, sino que también hubo algunas que lo hicieron en cinco, obteniendo cinco eras de poco más de 5000 años cada una. Entre tales culturas encontramos la maya, inca y la aborigen australiana.
No es una división en cuadratura sino en quintil. Cada 73 días, el Sol se desplaza 72 grados para definir un quintil, el ángulo de un pentágono. ¿Porqué algunas culturas decidieron utilizar dicho ángulo, en vez de los 90º definidos los dos solsticios y equinoccios que separan las cuatro estaciones del año? 
 
En astrología, cuando dos o más planetas se hallan en quintil significa que sus energías se han armonizado, que se han integrado como resultado de un proceso de maduración evolutiva llevado a cabo a lo largo de muchas vidas. Constituye una armonización cuya vibración resultante suele ser expresada de manera creativa, dado que el quintil está vinculado al planeta Venus, que rige el proceso de creación y crecimiento. Así, cada 584 días, Venus se coloca entre nosotros y el Sol. De esta manera se forma el llamado ciclo sinóptico de Venus. Podríamos decir que Venus nos besa, pues en ese instante se coloca a la menor distancia posible de nosotros. Cada ocho años, dicho fenómeno se repite cinco veces, dado que 584 x 5 = 8 años. Ese movimiento nos dibuja una flor de cinco pétalos, a la cual llamo «la Flor de Venus». De ahí que tanto la geometría del pentágono como del pentáculo estén vinculada a dicho planeta.
El planeta Venus rige el proceso de crecimiento armónico en la naturaleza. Rige la proporción y el equilibro. No debe extrañarnos que sus ritmos vengan marcados por la serie de Fibonacci. Recordemos que dicha serie se obtiene de sumar un número con el anterior, obteniendo: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21,… (Dado que 0+1=1, 1+1=2, 1+2=3, 2+3=5, etc.). De esa manera, Venus da 13 vueltas al Sol al tiempo que la Tierra da 8. En esos ocho años, el Sol, la Tierra y Venus se habrán alienado un total de 5 veces.
En el tiempo, la serie de Fibonacci la encontramos, por ejemplo, en la pauta reproductiva de las abejas y de los conejos. En el espacio, la encontramos en el número de oro, también llamado proporción áurea o phi (?), que rige la Naturaleza. La serie de Fibonacci tiende justamente a phi de manera que: 8/5?13/8?21/13?… = ?. Por ello, tampoco debe extrañarnos que el pentágono y el pentáculo expresen phi en la proporción definidas por sus vértices.

Como expresión de ese pentáculo tenemos la mano, con sus cinco dedos y con la proporción áurea de nuevo presente en la distancia definida por las falanges de cada uno de ellos. De ahí que la mano, al igual que el quintil, constituya la expresión de nuestro potencial creativo, de nuestra capacidad por imitar a la naturaleza. Dicha creatividad se rige por la influencia venusiana.
El invierno del que salimos
DURANTE EL INVIERNO de la consciencia del que salimos, Occidente, en su intento por alcanzar la espiritualidad, se alejó de la Madre Tierra para centrarse únicamente en la adoración a su expresión complementaria: la del Padre Cielo. En el intento posterior de la ciencia por comprender esa misma naturaleza de la cual se había alejado siglos atrás, se la profanó hasta casi destruirla. La religión de occidente la negó primero y su ciencia intentó someterla después. Veamos cómo sucedió todo ello.
A medida que el colapso de su imperio militar se hizo más evidente, Roma intentó reciclarse como imperio con la fe con una religión (la cristiana), la cual había adoptado oficialmente en el año 313 d. C. Roma tomó así el mensaje de amor de Jesús; pero, por intereses políticos, muchas veces se vio forzada a leerlo al revés, no como mensaje de A-M-O-R, sino de R-O-M-A. Se vio forzada a tergiversarlo, para que este pudiera satisfacer sus intereses y aspiraciones políticas.
Entre dichas tergiversaciones tenemos la de asociar tanto el pentáculo como Venus y el rostro de Pan con el Diablo. Por regir el mundo natural, el paganismo europeo asociaba el pentáculo a Pan, dios griego de la naturaleza. Pero durante la Edad Media europea (s. V al XV) dicho dios cayó en desgracia. Fue un intento romano de desprestigiar las creencias paganas que aún perduraban, al competir estas contra la nueva fe. Esto sucedió a pesar de que, según la Biblia, Jesús dijo: «Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana» (Apocalipsis 22:16) o Pedro escribió: «hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones» (Segunda de Pedro 1:19).
La negación del mundo natural constituyó un intento para alcanzar la divinidad, al negar tanto nuestra parte material como la femenina. Se habló del Padre en el Cielo; pero se obvió a la Madre en la Tierra. Se habló del ave que nos permite alzar el vuelo; pero a la serpiente que se arrastra por el suelo se la equiparó a Satanás. Se idealizó el mundo de arriba, y se estigmatizó el mundo de abajo. Este último fue llamado “el Infierno”, lugar desolador al que las almas en pena van para vivir en sufrimiento durante el resto de la eternidad. Las sacerdotisas, seguidoras de la Diosa y sanadoras con plantas, fueron acusadas de brujería. Como resultado, se calcula que nueve millones de mujeres europeas acabaron en la hoguera.
No obstante, muchas son las cosmovisiones que nunca percibieron el mundo de abajo de esa forma, sino que lo vieron como realidad complementaria a la del mundo de arriba: la realidad del Cielo. Vieron como de la intersección entre el Cielo y el Inframundo surgía el mundo intermedio que habitamos, por lo que ninguno de los dos podía ser negado o despreciado. Y mucho menos debía ser estigmatizado, pues para ascender al Cielo uno debe primero descender a los Infiernos. Para que a uno le abran las puertas del Paraíso, debe primero descender al Averno y expresar compasión hacia las almas atrapadas en los lugares más oscuros de la corteza terrestre. Uno debe traer luz a esos espacios oscuros para ayudar a la liberación de las almas que allí moran.
De todas las cosmovisiones que comprendieron esa complementariedad entre los dos mundos, tres definieron eras de poco más de 5.000 años. Esas culturas fueron: la inca (andina), la anáwak (mesoamericana) y la aborigen australiana. Dicho ciclo surge de partir el ciclo de precesión en los cinco pétalos definidos por la Flor de Venus para que cada 5.000 años pudiera emerger un nuevo Sol, nacer un nuevo mundo o adentrarse en un nuevo sendero del soñar. Esto no significaba que el anterior mundo fuera destruido, sino que cambiaba la frecuencia vibracional del planeta y del Sistema Solar.
Para los incas y los mayas (anáwak), estamos terminando justo ahora el cuarto Sol y entrando en el quinto. Para los aztecas (anáwak) finalizamos el quinto para regresar de nuevo al primer Sol de un nuevo ciclo. Se habla del sexto Sol, pero resulta más correcto hablar del primer Sol (mes sagrado) de un nuevo ciclo (año sagrado), pues ir sumando soles más allá de los cinco que posee un ciclo es erróneo y es el resultado de la influencia ejercida por poseer una percepción lineal del tiempo. Entre los aborígenes australianos se dice que el Sistema Solar entra en un nuevo Dreamtrack o sendero del soñar cada 5.000 años. Es decir, al igual que los incas y las diversas culturas mesoamericanas del anáwak, los aborígenes australianos también notaron que dicho periodo de tiempo cambiaba la frecuencia vibracional de la Tierra. Ellos han notado que el Sistema Solar, en su tránsito alrededor de la galaxia, entra en un nuevo sendero del soñar cada dicho periodo de tiempo. Esto equivale al inicio de un nuevo sueño.
La alegoría del sueño nos permite comprender por qué la memoria histórica del ser humano es de entre 5.000 mil y 6.500 años. La razón es que, al cambiar de sueño, olvidamos aquello que estábamos soñando antes, cambiamos de mitote o dreamtrack.
Los meses sagrados
PARA EXPLICAR EL concepto de mes sagrado, debemos recuperar las cuatro estaciones del ciclo de precesión, delimitadas por los dos equinoccios y los dos solsticios del ciclo. Actualmente, nos encontramos en el equinoccio que marca el tránsito del invierno a la primavera de la consciencia. Al invierno que acabamos de vivir se le llamó Edad de Hierro en la tradición griega, o Kali Yuga (Era Oscura) en la tradición hindú. Según el hinduismo,  entramos en él tras la muerte de Krishna en el año 3112 a. C. Por aquel entonces la constelación de Tauro amanecía por el horizonte durante el equinoccio vernal del 21 de marzo. De ahí que Krishna recibiera los nombres de Govinda o Gopala, en alusión a su función como cuidador de vacas. Después de Tauro entramos en Aries, cuyo símbolo ya no es el toro, sino el carnero. No debe, pues, extrañarnos que el Antiguo Testamento de la Biblia, escrito durante dicha era zodiacal, ya no utilice la alegoría de la vaca, sino la de la oveja y del rebaño. Por ejemplo: «Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré» (Ezequiel 34:11). En cambio, el Nuevo Testamento se escribió durante la era zodiacal de Piscis, de ahí que Jesús tuviera como discípulos a pescadores, que multiplicara peces y que aquellos primeros cristianos se identificaran dibujando un pez sobre la arena. Finalmente, tampoco debe extrañarnos que el nombre utilizado en la Biblia para referirse al regreso del Mesías, que ya no se dará durante la Era de Piscis sino la de Acuario, sea el del hijo del hombre, por ser Acuario el único signo del zodiaco que no viene representado por un animal, sino por un ser humano.
Después de Acuario vendrá Capricornio, seguido de Sagitario y después de Escorpio. Y entre Sagitario y Escorpio se halla Ofiuco, la treceava constelación de la Eclíptica, reconocida por la Unión Astronómica Internacional cuando en 1930 redefinió los límites de cada constelación. Ofiuco posee forma de serpiente y define el centro de la galaxia, el Gran Sol. Si consideramos esa 13ª constelación estaríamos en el verano del alma cuando Ofiuco amaneciera por el horizonte durante el equinoccio vernal.
 
Observamos entonces que las eras zodiacales constituyen una especie de meses sagrados, los cuales definen los símbolos utilizados para canalizar e integrar emocionalmente las experiencias que nos trae cada estación del año sagrado. Si le añadiéramos Ofiuco, podríamos dividirlo en trece meses, de la misma forma que el año solar define aproximadamente trece lunaciones o que el cuerpo humano posee trece articulaciones principales.
En cuanto a las articulaciones, poseemos tres en cada brazo (hombro, codo y muñeca) y tres en cada pierna (cadera, rodilla, tobillo). De manera similar, las doce constelaciones del zodiaco se agruparon en torno a cuatro elementos: tres de fuego (Aries, Leo y Sagitario), tres de agua (Cáncer, Escorpio y Piscis), tres de aire (Géminis, Libra y Acuario) y tres de tierra (Tauro, Virgo y Capricornio). Los elementos constituyen las cuatro extremidades del cuerpo celeste, cada una con sus tres articulaciones. Ofiuco, la treceava constelación, simboliza el cuello, que nos une a la cabeza, al centro de la galaxia.
Cuando, hace aproximadamente tres mil años, los babilonios dividieron la Eclíptica en doce constelaciones idénticas de 30 grados cada una (la creación de los 12 signos del zodiaco), lo que hicieron fue proyectar una realidad que nada tenía que ver con aquella que podía observarse en el cielo. Por comodidad, dividieron el cielo en base a las tres falanges de cada dedo que pueden contarse con el pulgar, sumando un total de 12 falanges.
 
Los babilonios utilizaban un sistema en base 60, que obtenían al contar con el pulgar de una mano las doce falanges de los cuatro dedos restantes, mientras que a cada vuelta sacaban un dedo con la otra mano. El resultado era 12×5=60. Así dividieron su mundo. Dividieron la Eclíptica en doce meses y el día en 12 horas diurnas y doce horas nocturnas. Pero esa división del año en 12, cuando en realidad en un año caben 13 lunaciones, fue como considerar un cuerpo sin cabeza. Un cuerpo que poseía 12 articulaciones; pero le faltaba la treceava: aquella que corresponde a la cabeza.
Ahora que la Unión Astronómica Internacional reconoció que el Sol cruza las doce constelaciones del zodíaco más una treceava llamada Ofiuco (la cual corresponde justamente al centro de la galaxia), se nos está dando una oportunidad de añadirle a ese cuerpo su cabeza. Cuando así lo hagamos, podremos volver a ver, a oler, a degustar, a escuchar…,  todas son facultades que manifiestan sus centros de percepción justamente en la cabeza.

 El día sagrado
MUCHAS FUERON LAS culturas que también se percataron de que existía otro ciclo menor, al que llamaremos día sagrado. Este rige el auge y declive civilizacional. El ciclo dura aproximadamente 13 000 lunaciones, o para ser más exactos, 12 863 lunas llenas; sumando un total de 1040 años. Esto constituye el periodo de sincronización entre el año solar (365,242264 días), la lunación (29,530589 días) y el día. Por tratarse del equivalente del día, el ciclo se compone de una fase diurna que dura aproximadamente 520 años y de otra fase nocturna de igual duración.
Decíamos que el día sagrado rige el auge y declive civilizacional. Pues bien, de la misma forma que cuando el sol amanece en una parte del planeta y en la otra parte cae la noche, dicho ciclo también acontece de manera diferente según la cultura. Algunas culturas entrarán en su día civilizacional al mismo tiempo que otras verán caer sobre ellas la noche.
El día sagrado lo observamos en el mito del ave Fénix: renace de sus cenizas 500 años después de su muerte, vive otros 500 años y vuelve a lanzarse ella misma a la pira funeraria. El mito fue heredado por los antiguos griegos del Bennu egipcio. También lo encontramos en otras culturas, como la persa. El mito hace referencia a los 500 años de luz o esplendor que suele experimentar una civilización, tras los que entra en declive para no volver a emerger hasta 500 años después.
Para los hebreos, mil años constituyen un día de Yahveh, que es el resultado de elevar al cubo (3 dimensiones) las diez unidades del sistema decimal (10 dedos). Para ellos simboliza el número de la perfección, aquel que completa un ciclo.
Los incas consideraron que cada 500 años tenía lugar un pachacuti menor. La palabra pachacuti significa tiempo-espacio (“pacha”) girado del revés (“cuti”). Con cada amanecer y atardecer se da también un pachacuti, pues la luz da paso a la oscuridad y viceversa. De ahí que el día sagrado también se rija por esa misma alternancia, que marca las fases entre la luz y la oscuridad. Ellos consideraron que el ciclo de 5000 años se dividía en diez pachacutis: durante cinco de ellos entrábamos en un periodo de oscuridad o de anochecer civilizacional, mientras que los otros cinco constituían el amanecer o auge civilizacional. Entonces, tal y como ya vimos, con el décimo pachacuti (10×500 años) la humanidad entraba en un nuevo Sol, en un periodo que iba a regirse por una cualidad vibratoria distinta.
Del Anáwak nos llega la identificación de dicho ciclo con dos acontecimientos celestes muy concretos. Por un lado, la sincronización entre los ciclos de los planetas menores (Mercurio, Venus y Marte) con el Sol, que tiene lugar cada 468 años (52×9). Por otro lado, 1040 años (52×20) eran los que se necesitaban para sincronizar el calendario solar vago (sin año bisiesto) con el calendario tonal de 260 días (Tonalpowalli). Y en tercer lugar, 2080 años (52×40) constituyen el periodo de sincronización de la salida de Venus como lucero de la mañana con el ciclo solar. Es decir, Venus amanecerá como lucero de la mañana en un cierto día del año, después de 260 días se esconderá tras el Sol y, aproximadamente 50 días después, se mostrará como lucero del anochecer. Pues bien, 2080 años después, Venus volverá a amanecer como lucero de la mañana en esa misma fecha del año.
La hora sagrada
468 ES EL resultado de multiplicar 52×9, mientras que 520 es el resultado de multiplicar esa misma cifra por 10. 1040 se obtiene al multiplicar esos 52 años por 20, y 2080 de multiplicarlos por 40. De ahí extraemos otro ciclo sagrado, al que llamaremos hora sagrada de 52 años.

Esto constituye los llamados fuegos nuevos, una medida temporal que de nuevo está vinculada al planeta Venus. Ya conocemos el ciclo que realiza Venus. El periodo de 260 días fue muy importante entre las diversas culturas mesoamericanas del Anáwak. Constituye el Tzolq’in maya o el Tonalpohualli azteca.
El periodo de 52 años es el tiempo que se necesita para que el ciclo de 260 días y el ciclo anual de 365 días (calendario vago) se sincronicen. Tras 52 años solares, se habrán cumplido 73 ciclos de 260 días. Pero para que se sincronicen esos ciclos, no con el calendario vago de 365 días, sino con el rectificado que tiene en cuenta los años bisiestos,  se requieren 52×20=1040 años; es decir, un mes sagrado.
Por lo tanto, las horas sagradas nos ayudan a determinar ciclos de acontecimientos trascendentes. Por ejemplo, entre los años 1968 y 1972 se dieron toda una serie de acontecimientos de gran relevancia. Durante esos años, los pilares sobre los que se había constituido la era de 5125 años, que ahora termina, se fueron integrando (ver artículo Los Pilares de una Nueva Era). Si a esas fechas les sumamos 52 años, nos da 2020-24. Es previsible que durante dichos años se manifiesten con mayor claridad los pilares de la Nueva Era en la que estamos entrando ahora; mientras que los de la antigua irán sufriendo un acelerado proceso de desintegración, transmutación o pérdida de importancia. Esto sucederá previsiblemente durante los años inmediatamente anteriores al 2020, es decir, en el transcurso del periodo de ocho años que va del 2012 al 2019.
Lectura complementariaSi deseas conocer la aplicación práctica de dichos ciclos la tienes en tres artículos, que son:
 2011, Marc Torra para mastay.info
Notas a pie:
GHB - Información difundida por http://hermandadblanca.org/

martes, 14 de agosto de 2012

Las Herramientas del Tiempo


¿cómo nos volvemos maestros de la conciencia 4D?

Las Herramientas del Tiempo Presente 4D 

Como ya se a mencionado, 4D es el `ahora mismo' del `tiempo presente'. Pero el tiempo 
presente en realidad tiene cuatro niveles diferentes.

En el 2010, todos entramos en el tercer nivel. A medida que entremos en el 2012, vamos a adentrarnos en el cuarto y último nivel. En ese nivel, cuando pienses:
"me gustaría una manzana", la manzana va a aparecer en tu mano. Por lo general, cuando digo eso la gente se emociona mucho. Y es emocionante. Sin embargo... hay un sin embargo.

La gran mayoría de la gente en este planeta no está preparada para ser los amos de cada pensamiento, sentimiento y acción suya a cada momento. Pero no hay opción. Es una habilidad básica necesaria de la conciencia superior 4D y 5D.

Una de las razones por las que se creó la tercera dimensión era proporcionar un "patio de juegos" donde cada uno pudiera practicar y perfeccionar la vibración de nuestros pensamientos y sentimientos. Para lograr esto, el patio de juegos en
3D tiene un margen de tiempo. En lugar de la `manifestación instantánea' hay un intervalo entre el pensamiento que tenemos y la manifestación o experiencia de ese pensamiento. En su mayor parte, somos muy descuidados con este margen.

En lugar de enfocarnos en lo que queremos, y permitir que esto se desarrolle con
el tiempo, escupimos ira, frustración, aburrimiento, preocupación, ansiedad,
culpa, miedo, buscamos culpables – todo tipo de pensamientos y sentimientos
inarmónicos inferiores. Nos comportamos como si pudiéramos pensar y sentir
cualquier cosa con impunidad porque no vemos los resultados inmediatos de
nuestro pensamiento.

Pero ya no. Puesto que el tiempo lineal 3D está colapsando en un solo punto del
tiempo presente, el margen de tiempo está colapsando también. Tenemos menos
oportunidades para practicar ser conscientes de nuestros hábitos mentales y
emocionales antes de que lo que pensemos sea lo que recibamos. Esto es algo muy
importante.

Afortunadamente, algunas herramientas energéticas sencillas pueden ayudarte a
manejar tus pensamientos y emociones a cada momento para que puedas estar
preparado para una oportunidad sin precedentes y desafío de vivir y crear en
tiempo presente en las dimensiones superiores.

Permitir que el Cambio despeje tus pensamientos y sentimientos inconscientes

En términos sencillos, el Cambio está utilizando una onda de frecuencias de luz
para eliminar lo que no somos, y otra onda para recordarnos quiénes somos. El
Cambio sabe dónde hemos almacenado hábitos inconscientes y no deseados de
pensamiento y emoción reaccionaria, y la luz está limpiando todo esto de nuestra
vibración.

Sin embargo, a medida que estos pensamientos y sentimientos inferiores sean despejados, ellos se van a presentar en nuestra conciencia, y van a magnetizar hacia nosotros a las personas y circunstancias que reflejan estas energías caóticas. ¿Cómo manejar estas energías, a menudo poderosas, cuando aparecen? Ustedes las permiten.

Si pueden simplemente observarlas con un sentido de desapego conforme se presentan –sabiendo que sólo están apareciendo para ser eliminadas– desaparecerán rápidamente, y ni siquiera van a recordar para qué fue tanto jaleo.

Pero si los agarras y te enganchas con estos pensamientos y sentimientos caóticos, si insistes en sentirte culpable o preocuparte, si sigues discutiendo
que "Yo no estoy bien" o "Ellos no están bien", estas energías no van a
desaparecer de tu espacio – y el Cambio, conforme se acelere cada vez más, se va
a convertir en un camino lleno de baches y muy `no está bien' para ti.

Recuerda que muy a menudo lo que se presenta ni siquiera es tuyo, no te
pertenece a ti. Reconócelo y sabe que está presentándose para ser eliminado...
para siempre. Toma un par de respiraciones profundas, sal a caminar, escucha
música – pero lleva tu punto de atención a algo de mayor vibración.
Una vez que estemos alertas en la cuarta dimensión se abrirán suavemente las puertas a quinta y sexta. Aceptar la consciencia de cuarta dimensión es lo que se ha llamado el salto cuántico y es el paso más difícil del cambio dimensional ya que este implica un profundo cambio de creencias. La cuarta dimensión es el portal hacia la consciencia Crística. La conciencia Cristica es aquella conciencia colectiva que se reconoce a si misma como Unidad.

viernes, 27 de julio de 2012

CAMBIO HACIA UN TIEMPO SINCRONIZADO CON LA NATURALEZA

TOMADO DE http://anunnak.blogspot.com.es


Los Mayas sincronizadores galácticos nos legaron un sistema complejo, el Tzolkin un calendario basado en el movimiento de la luna, ella con sus cuatro fases de 7 días de duración cada una conforman un movimiento armónico de 28 días por luna, lo que hace un total de 13 lunas por año o 364 días de rotación de la tierra en su órbita, dejando un día llamado día fuera del tiempo o día verde, que es el salto a una octava superior una vez por año pues los sistemas galácticos tienen su movimiento en forma helicoidal y no circular.


Este calendario o sincronizador galáctico es siempre eterno y su forma o plantilla es una estructura armónica que representa el tiempo natural, utilizando este calendario acompañamos a la naturaleza en su flujo evolutivo y ella nos acompaña a nosotros.


Respetando este flujo de energía accedemos a la ley del mínimo esfuerzo, que significa con el menor uso de energía obtener el mayor resultado. Los mayas siempre se fijaban en el movimiento de la luna nunca iban a sembrar en un tiempo donde se debía cosechar, siempre se fijaban las características de cada luna para saber que hacer.


El calendario gregoriano es un instrumento totalmente desincronizado, pues su uso contempla una plantilla de 12 meses, con meses de 31, 30, 29, 28, días cada uno, donde ponen un movimiento lunar de 28 días en una plantilla de 30, mezclando parte de dos lunas en un mes, aparte que cada día no tiene mayor sentido, puesto que si no es una fecha importante para nosotros su uso es estrictamente comercial, para los humanos la única y gran fuerza que mueve el uso del calendario gregoriano, es ver cuando cobro, si cobre estoy esperando que termine el mes para cobrar de vuelta o cuando es mi cumpleaños o alguna fecha importante para mi, o cuando me voy de vacaciones.



El calendario gregoriano una plantilla irregular que distorsiona el tiempo quedándose solamente en la tercera dimensión, atrapados por el ego, en una energía 12/60, 12 meses con horas de 60 minutos solamente para trabajar y ser productivo, esto solamente nos desincronizan con el tiempo y el ser multidimensional que somos nosotros y nuestro querido planeta.



LA IMPORTANCIA DE SINCRONIZARSE CON LA 4TA DIMENSION

Este sincronizador galáctico nos permite acceder a la cuarta dimensión, el tiempo, el aquí y ahora, para ascender a las quinta dimensión, donde no hay dualidad.


El calendario Maya nos permite entender que cada día tiene un sentido y energías, conociendo esas energías podemos acceder a otras dimensiones, actuando en el día a día conforme la naturaleza lo permite. Cada día tiene fuerzas destino, guías, análogas, ocultas y antípodas, sabiendo como utilizarlas según sus cualidades y sus acciones nos favorecemos pues vamos en la dirección que estas van.

También cada uno de nosotros somos una de esas energías que sabiendo como reconocernos nunca vamos a ir en contra de nuestra naturaleza.

El calendario Maya nos permite saber que energía somos nosotros, cual es el don que nos han regalado y cuales las energías análogas y ocultas que nos favorecen y de esta manera poder crecer según las energías antípodas o desafío que nos permite crecer.


Desde el punto de vista del calendario Maya nosotros somos el cuerpo celular del planeta, si mi información energética y genética dice por ejemplo que soy una célula del hígado del planeta y yo trato de ser otra cosa, estoy yendo contra mi propia naturaleza eso me frustra y me hace sentir mal, sin comprender por que.

Cuando me sincronizo con mi propia naturaleza y actúo desde ese punto voy siempre a favor de lo que tengo que ser y no de lo que se supone debería ser.

También al saber que yo soy una célula del cuerpo planetario comparto con otros seres la misma información lo cual me permite acceder a un trabajo mas participativo y comunitario conformando así un órgano de este planeta con una función especifica, de esta manera hago lo que vine a cumplir como misión planetaria.


CALENDARIO MAYA Y LOS CAMBIOS EN EL ADN
Debido al cambio energético de nuestro amado planeta , la tierra, durante miles de años la vibración magnética fue de 7,8 hz/seg. A partir de los años 80 mas o menos comenzó a modificarse esta vibración y hoy esta cerca de los 12 hz/seg., lo que produce una aceleración del tiempo lineal y de nuestro cuerpo energético y biológico, por eso los seres humanos estamos perdiendo la noción del tiempo y estamos comenzando a incorporar el aquí y ahora.

Este cambio vibratorio juntos con otros, están modificando las cadenas del ADN energético y el biológico, por ejemplo el cuerpo celular de un humano cambio en un año el 98 % de sus células, menos las células del corazón y las neuronas, cuando nacen las células nuevas estas en su conformación atómica de un núcleo y varios electrones estos son reemplazados por nuetrinos, la diferencia entre un electrón y un neutrino es que el primero vibra a 160.000 Km/seg.

Y el neutrino vibra a 300.000 Km/seg lo que produce un acercamiento del cuerpo energético al cuerpo biológico, que con este cambio las personas comenzamos a sufrir cambios muy importantes desde el aspecto biológico, energético y psicológico.


Bueno los aspectos que maneja el calendario Maya tienen también otras informaciones más que en futuros informes les seguiré ampliando.

Un abrazo en la luz
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Escrito por Jorge Mañalich Arana 
Fuente:http://portal11acuario.blogspot.com




lunes, 4 de junio de 2012

EXTRATERRESTRES O CRONONAUTAS? …


Stephen Hawking sostiene que “no existe mejor prueba contra el viaje en el tiempo que el hecho de que todavía no hayamos sido invadidos por hordas de turistas del futuro”. Pero ¿y si el célebre catedrático de Cambridge estuviese equivocado?… Algunos ufólogos consideran la posibilidad de que los OVNIs no sean naves procedentes de otros planetas, sino máquinas humanas que viajan del futuro al pasado. Sus tripulantes no serían, pues, extraterrestres sino ¡nuestros descendientes!… A propósito de esta sugerente idea, el investigador Sinesio Darnell se cuestiona en su obra “Tiempo, Espacio y Parapsicología” (1989) si “los OVNIs podrían ser algo así como premoniciones de secuencias de este tiempo estratificado, o continuo-presente, por el que nos desplazamos…” A su vez, el veterano ufólogo Antonio Ribera, que durante un tiempo estuvo fascinado por esta idea, afirma que “esta hipótesis explicaría muchas cosas: en primer lugar, la propia apariencia física de estos ‘viajeros del tiempo’. Muchos biólogos y antropólogos están de acuerdo en que el Hombre del futuro tendrá un gran desarrollo encefálico junto a un escaso desarrollo físico y muscular. Los ‘humanoides’ vistos cientos de veces junto a sus naves posadas en el suelo, o que protagonizan tantos casos de ‘abducción’, encajan perfectamente en esta tipología del futuro”. Ciertamente resulta más que sospechoso que los ‘ufonautas’, de tratarse de seres extraterrestres, tengan una morfología tan similar a la humana, se manejen con tanta facilidad en nuestro medio, vistan con atuendos tan semejantes a los nuestros y utilicen instrumentos tan comunes para nosotros. Analizando la casuística, observamos que poseen una tecnología más avanzada que la terrestre, eso es obvio, pero no tan diferente ni tan fantástica como la que desarrollaría una civilización inteligente que hubiese evolucionado a años-luz de nuestro planeta. El hecho de que hayan podido descubrir la desmaterialización, la teleportación, el control de ciertas facultades PSI o el dominio del tiempo -como prueban muchos casos OVNIs-, no invalida la probabilidad de que esos ‘ufonautas’ sean nuestros propios descendientes, ya que son cuestiones que la actual ciencia vanguardista ha comenzado a estudiar con gran seriedad, y por tanto, puedan llegar a experimentarse en un futuro presumiblemente no muy lejano. ¿Estaría así justificada la razón del no-contacto entre esos tripulantes OVNIs y nosotros?… Obviamente, si son viajeros del futuro evitarían a toda costa interferir en el desarrollo normal de la historia, para no ocasionar paradojas temporales de consecuencias imprevisibles. En fin, quizás, como sugiere el genial investigador John A. Keel, “parte de la contestación a los platillos voladores no esté en las estrellas sino en el reloj que da las horas sobre nuestra chimenea”…
http://veritas-boss.blogspot.com.es/2012/06/extraterrestres-o-crononautas.html

lunes, 21 de mayo de 2012

EL TIEMPO DEL NO-TIEMPO…

Casi mil años antes que las civilizaciones contemporáneas de su época, los mayas dominaban un sistema numérico binario exponencial, (el mismo que utiliza la naturaleza, en la división de las células) con base en el número 2, contando de a 20. Ya 500 años antes de los árabes, utilizaban el concepto del 0, y su calendario que sincroniza al sol, la luna y la tierra con el universo, es más exacto que el que utilizamos actualmente. Es más, sus medidas astronómicas probaron ser tan exactas, que comparándolas con las medidas tomadas por la NASA (Centro aeroespacial estadounidense) son apenas diferentes en milésimas de segundo; por ejemplo: Según los mayas, la rotación completa de la tierra alrededor del sol es de 365,2420; mientras que la NASA lo mide en 365,2422.
Estos increíbles astrónomos midieron incluso la rotación de nuestro sistema solar en la galaxia, lo que corresponde a 25.625 años. ¡ Ellos fueron capaces de medir una rotación estelar de 25.000 años! Sin embargo, lo más importante que han dejado los mayas, han sido sus avisos a la humanidad futura.Los mayas nos dicen que desde el centro de la galaxia, cada 5.125 años, surge un “rayo sincronizador”, que justamente sincroniza al sol y a todos los planetas, con una poderosa emanación de energía.
En la rotación completa del sistema solar en la galaxia, ellos hacían una división de dicha elipse en dos, con una fracción cada una de 12.812 años, llamando a la fracción más cercana al centro de la galaxia, Día, y a la parte más alejada del centro; Noche, tal cual se divide en día y noche en la Tierra. A su vez, dicha elipse era partida en cinco períodos de 5.125 años: los cuales eran: Mañana, Mediodía, Tarde, Atardecer y Noche. Según los mayas, justamente en nuestro nuevo milenio, estaremos ingresando en la mañana galáctica, y es marcada por el rayo sincronizador desde el centro.
Ahora bien, en el año 1998, la NASA descubrió que desde el centro de la galaxia, comenzó a emitirse enormes cantidades de energía… ¿mera coincidencia? Los mayas nos dicen que el período intermedio al traspaso, dura 20 años, y ellos lo llaman “El tiempo del No-Tiempo”, en donde ocurren grandes cambios. Es allí cuando debemos ser capaces de transformarnos, puesto que será nuestra decisión seguir como humanidad o perecer en nuestra autodestrucción. Esta transformación implica algo tan profundo como la elección de evolucionar. Energéticamente, concientemente, completamente.
Los datos científicos recopilados en estos años respaldan esto. Veamos cómo:
–En septiembre de 1994, todas las línea magnéticas terrestres sufrieron disturbios, disminuyendo y moviéndose; lo cual ocasionó que muchas ballenas encallaran, y pájaros en migración se perdieran. Incluso en los aeropuertos, debieron reimprimirse mapas, y los aviones debieron aterrizar manualmente.
—En 1996, Soho, el satélite enviado a estudiar al sol, descubrió que nuestra estrella ya no tenía polo norte y/o sur, se había convertido en un solo campo magnético, las polaridades se homogeneizaron.
—En el mismo año, se produjo un “bamboleo” magnético que ocasionó que nuestro Polo Sur, en un solo día, se moviera 17º de su posición, comportándose erráticamente.
—En el 97, ocurrieron grandes tormentas magnéticas provenientes del sol, que incluso destruyeron satélites orbitando la Tierra. —Según las mediciones comparadas, la tierra se ha acelerado y ha perdido gran parte de su energía magnética, ya que en 1996, teníamos 4 Gaus, y en 1999, había disminuido a 1.5 Gaus. La aceleración de la frecuencia vibratoria terrestre se demuestra en que en 1997, la frecuencia era de 7.8 Hz, mientras que en 1999 se elevó a 11.5 Hz.
http://veritas-boss.blogspot.com.es/2012/05/el-tiempo-del-no-tiempo.html

miércoles, 16 de mayo de 2012

Sin tiempo ni dualidad

Comprender la eternidad es tan sencillo como no decir: ayer, hoy ni mañana. Consiste en no temporalizar, en no poner límites a lo que de por sí es ilimitado. ¿Acaso tiene tiempo el silencio? ¿Quién puede decir -en el silencio- que este silencio ha durado cuatro segundos? En el momento de decirse ya no hay el silencio, lo natural, quedando sustituido por un contenido mental ficticio creador del tiempo: de una representación de la realidad subjetiva, en paralelo, que pretende seguir lo que en realidad no tiene una continuidad lineal. Por ello, ese viaje en paralelo a través de la dimensión del tiempo no puede hallar la eternidad representándola en su peculiar dimensión limitada. Sólo queda olvidarlo todo, sacudirnos todos los conceptos mentales, todas la líneas paralelas y duales, para entrar al silencio sin tratar de contar los segundos que callamos.
Todo el conflicto puede plantearse como un estar cambiando de estación todo el tiempo, pero sin nunca coger el tren en el momento adecuado. Es decir, todo ese esfuerzo supone perder siempre el tren; o, digámoslo de forma más precisa y veraz: no hay ningún tren que coger y por tanto, ninguna estación a la que dirigirse. ¿Puede comprender eso la mente? Sería una buena pregunta. ¿Puede comprender eso el silencio? Parece que esta última pregunta resulta innecesaria pues carece de todo fundamento. No para la mente, pero sí para el silencio. ¿Estamos ante una dualidad (mente/no-mente) o ante un trayecto de inevitable conciliación? En la no-dualidad no hay siquiera conciliación, pues significa el matrimonio perpetuo de los opuestos. Los opuestos nunca han sido opuestos en realidad, pues carecen de nada a qué oponerse: el amor los mantiene unificados y en armonía al no verse contrarios, sino completos. El amor es el silencio que habla o que calla sin referirlo al tiempo, ni a la mente, ni a nada distinto a lo que es en realidad: amor completo sin objeto.
http://lasletrasdelaire.blogspot.com.es/2012/05/sin-tiempo-ni-dualidad.html

sábado, 5 de mayo de 2012

Posible evidencia científica de que el futuro puede conocerse

Una colaboración de MARIO MARTINEZ

Una investigación descubre que los hechos no ocurridos aún pueden influir en nuestro comportamiento

El futuro puede saberse, y los hechos no ocurridos aún pueden influir en nuestro comportamiento. Esto es lo que revela un estudio reciente realizado por el psicólogo norteamericano Daryl Bem, reconocido por sus estudios sobre la auto-percepción. Bem ha dedicado ocho años de su vida a aplicar protocolos de investigación establecidos con secuencia temporal invertida, descubriendo que se puede influir de igual forma en la conciencia humana tanto desde el pasado como desde el futuro. A pesar de lo controvertido de sus hallazgos, la prestigiosa publicación Journal of Personality and Social Psychology publicará un artículo en el que se detallan los experimentos realizados, lo que se espera dé pie a un intenso debate. Por Yaiza Martínez.

Foto: Juanjo Tugores.Photoxpress.
Foto: Juanjo Tugores.Photoxpress.
El futuro puede saberse, y los hechos no ocurridos aún pueden influir en nuestro comportamiento. Al menos esto es lo que revela un estudio reciente realizado por un reconocido profesor de psicología de la Universidad de Cornell, en Nueva York, llamado Daryl Bem.A pesar de que el fenómeno de la precognición es muy controvertido y roza el terreno de lo paranormal, la prestigiosa revista Journal of Personality and Social Psychology se hará eco de los resultados obtenidos por Bem publicando, antes de final de año, un reportaje sobre sus descubrimientos.El psicólogo ha dedicado ocho años al estudio de este tema. En ese periodo de tiempo, ha llevado a cabo una serie de nueve experimentos en los que han participado en total más de 1.000 estudiantes voluntarios. Del futuro al pasado
En uno de estos experimentos, se mostró a los estudiantes una lista de palabras y se les pidió que recordaran palabras de ésta. Después, se les dijo que escribieran palabras seleccionadas aleatoriamente de esa misma lista.
Sorprendentemente, los estudiantes recordaron mejor, de la lista de palabras que memorizaron previamente, aquellas palabras que después escribirían. En otro experimento, Bem utilizó una prueba clásica de “condicionamiento” pero añadió cierta modificación.
Esta prueba, que consiste en presentar a una persona una palabra subliminal en una imagen, ha demostrado que, por ejemplo, si se hace ver a alguien, a manera de flash, la palabra “feo” en una imagen en la que aparece un gatito, el individuo tardará más tiempo en decidir que dicha imagen es agradable, que si la palabra que se le ha presentado subliminalmente es “bello”.
En su prueba de condicionamiento adaptada, Bem descubrió que dicho efecto de condicionamiento subliminal funcionaba hacia atrás en el tiempo, de igual forma que hacia delante en el tiempo.
Por último, en otro test realizado, se les dijo a los voluntarios que, en la pantalla de un ordenador, iba a aparecer una imagen erótica en una o dos posiciones y se les preguntó, antes de que dicha imagen apareciera, en qué lugar pensaban ellos que estaría.
La posición en la que la imagen aparecía finalmente era seleccionada al azar, pero los voluntarios acertaron cuál sería en un 53,1% de los casos.
Este resultado puede parecer poco importante, lo cierto es que presunciones verdaderamente aleatorias pueden alcanzar el 50% de aciertos, pero otros fenómenos bien establecidos, como la efectividad del consumo de bajas dosis de aspirina en la prevención de ataques cardiacos están basados en efectos de una envergadura similar.
Daryl Bem. Fuente: Universidad de Cornell.
Daryl Bem. Fuente: Universidad de Cornell.
Resultados estadísticamente significativosSegún se explica en la revistaNewScientist, en investigaciones previas de parasicología se habían usado otras fórmulas, como elexperimento Ganzfeld (del alemán, «campo homogeneizado»).Este experimento es una técnica que se utiliza para probar la percepción extrasensorial de las personas. En él se aplica una estimulación sensorial parcial para producir un efecto similar al aislamiento sensorial, que se sabe genera impresiones en el interior del individuo. Según sus defensores, el experimento Ganzfeld ha ofrecido resultados que se desvían de la aleatoriedad hasta un nivel estadístico significativo, por lo constituyen resultados cuantificables de la existencia real de fenómenos como la telepatía.
Por el contrario, Daryl Bem ha utilizado para su estudio pruebas que podrían ser rápidamente evaluadas por los psicólogos actuales. En otras palabras, tal y como se explica en la revista Wired, Bem ha tomado protocolos psicológicos establecidos y ha revertido la secuencia temporal de éstos, haciendo que la causa se convierta en el efecto. Los efectos registrados por el científico han sido reducidos, pero estadísticamente significativos.
La controversia está servida
Aunque Daryl Bem es un psicólogo muy conocido por su interés en los fenómenos paranormales, también es un respetado científico con una reputación adquirida gracias a la seriedad de sus trabajos, en especial en el terreno de la auto-percepción.
En este campo, ha desarrollado una teoría que sugiere que la gente infiere sus actitudes a partir de sus propios comportamientos de la misma forma que evalúa las actitudes de otros.
Su artículo sobre sus propios descubrimientos en la percepción con tiempo invertido tiene importancia porque proporciona el primer marco comprobable de investigación de propiedades psicológicas anómalas.
Las pruebas de Bem están basadas en paradigmas experimentales bien conocidos, y minimizan el contacto entre el experimentador y el sujeto.
La acumulación de datos de su investigación ha estado, por otra parte, automatizada y ha sido exacta, por lo que ha pasado la estricta revisión, llevada a cabo por cuatro expertos, necesaria para su publicación en el Journal of Personality and Social Psychology.
A pesar de eso, esta revista publicará un escéptico editorial comentando los resultados obtenidos por Bem, con la esperanza de que otros científicos intenten replicar las pruebas.
Según el propio investigador, docenas de científicos han contactado ya con él para pedirle detalles de su trabajo, por lo que es de esperar que el tema dé pie a un intenso debate en los próximos tiempos.
http://www.tendencias21.net/Posible-evidencia-cientifica-de-que-el-futuro-puede-conocerse_a5105.html